Necesidad de reconciliación entre los industriales y el gobierno PDF Imprimir Correo
EDITORIAL
Escrito por Carlos Alonzo   
Miércoles, 28 de Julio de 2010 00:00

SALUDOS, QUISQUEYANOS.- En este paraiso tropical delimitado por un océano, un mar, un canal y Haití, todavía se rinde un culto excesivo a todo lo que para llegar necesita de un barco o un avión. A lo largo de nuestra historia hemos tenido productos que han sido orgullo nacional por su calidad y por los beneficios que han aportado a nuestro crecimiento como país. Sin embargo es una lástima que gran parte de las esperanzas de crecimiento esten cifradas en la inversión extranjera, que en algunos casos comprobados ha procedido de fondos cuyo origen se cuestiona.

El país cuenta con un catálogo de leyes para incentivar la inversión extranjera, dando el aspecto de estar priorizándola por encima de la que pudieran hacer los empresarios locales, quienes a su vez son los mas tomados en cuenta a la hora de cobrar impuestos. ¿No existe la posibilidad de que empresarios locales y gobierno puedan volver a tomarse las manos para unificar propósitos?

Recientemente, mientras elaboraba un reportaje, escuché unas palabras del fallecido hombre de negocios Charles Bludhorn advirtiendo en 1971 al presidente Richard Nixon, sobre la amenaza comercial que serían Alemania y Japón para Estados Unidos por la asociación que había entre el gobierno y los empresarios en esos países, una practica que Bludhorn defendía y ejecutaba al frente de la corporación Gulf and Western. Sus palabras resultaron ser proféticas hasta el punto de que algunas marcas alemanas y japonesas, sobre todo en el campo automotriz, despojaron de su liderazgo a las norteamericanas en su propio terreno.

Actualmente en nuestras zonas francas se elaboran productos de exportación enormemente apreciados, que si no tuvieran ese toque dominicano de materia prima o manufactura carecieran de los atributos que los hacen preferidos. Estos talentos y bondades locales han sido explotados a veces luego de un costoso proceso de promoción y búsqueda de inversionistas foráneos por parte del Gobierno, ya sea mediante viajes del presidente, participación en ferias y gestiones de funcionarios. Además hay centenares de empresas pequeñas movidas por capital extranjero, que han surgido como iniciativas de personas que vinieron primero como turistas y luego como inversionistas, al percatarse de cuan explotable es el talento y virtudes de una tierra y su gente, cualidades que que pasan desapercibidas (o no son valoradas) en nuestro propio país.

Si nuestras autoridades decidieran dejar de pensar en lo que hay al otro lado del mar y pensaran mejor en los problemas que se resolverían en el país propiciando un buen clima para incrementar la producción, generar empleos y obtener ganancias que podrían ser reinvertidas en el país con las debidas garantías, podrían descubrir ese tesoro que estan dejando a merced de otros, o permiten explotar comercialmente a los empresarios locales vinculados a los proyectos políticos que llevan al poder a los gobernantes.

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